Editorial: De los tiempos del DC 3 y del Caza 212 de TAM

25/08/2014 / editorial / por: Alejo Mendieta Periodista
A mediados de la década de los año 50, iniciaba sus vuelos regulares a la ciudad de Pedro Juan Caballero, capital del 13º departamento de Amambay, la empresa estatal Transporte Aéreo Militar, TAM, quien de esa forma venía a suplir una gran necesidad de la ciudadanía, la de estar conectada con la capital del país en épocas de lluvia y de llegar a ella de forma inmediata en casos de urgencia.

Un vuelo de TAM en el legendario monomotor, Douglas DC3, duraba, de Asunción a Pedro Juan Caballero y viceversa, dependiendo de la velocidad y dirección del viento, de 1 hora 25 a 1 hora 35 minutos, y a veces un poco más, esto en condiciones climáticas normales, ya que hubo ocasiones en que se tuvo que desviar de su ruta y aterrizar en Concepción debido al mal tiempo, o aterrizar en Vila del Rosario, San Pedro.

TAM tenía una frecuencia regular diaria de lunes a sábado. En verano salía de Asunción con destino a Pedro Juan Caballero a las 7:00 horas y llegaba a destino alrededor de las 8:30 horas, permaneciendo en Pedro Juan Caballero por espacio de una hora, tiempo suficiente para que los pilotos, el mecánico y la azafata vayan a hacer sus compras del lado brasileño, ya que en ese entonces la moneda brasileña, el Cruzeiro, estaba muy debilitado ante el dólar, llegando a un punto tal que hasta la docena de huevo era más barata. ¡Si habrán llevado huevos a Asunción los pilotos de TAM!.

Apenas el DC 3 abría su puerta trasera, descendían los pasajeros y detrás nomás los diarios de la capital del país que de inmediato eran retirados por don Apolonio Jiménez y sus hijos, para repartirlos entre los canillitas que aguardaban desde bien temprano el arribo de avión, al igual que los apurados que también aguardaban y allí mismo se ponían a leer las noticias.

Mientras tanto, el agente de TAM, don Aníbal Zotti, comandaba desde la puerta del acceso al avión, a los soldaditos que cargaban los equipajes de los pasajeros, transportándolos en un carrito de 4 ruedas, de color rojo estirado por una palanca y empujado por los demás.

En invierno, como en Pedro Juan caballero la densa niebla no se disipaba hasta el mediodía, y a veces duraba todo el día, los vuelos de Asunción salían a las 13:00 horas y llegando a destino  alrededor de las 14:30 horas, para que de inmediato embarque los pasajeros, y así, a las 15:00 horas, estar emprendiendo el vuelo de regreso a Asunción.

Demás está decir, que aunque sea a la tarde, se repetía la misma historia de los diarios y de que quienes iban a esperar la llegada del avión para leer allí mismo y los canillitas para repartirlos. Llegaban tarde, es cierto, pero como no había internet, para los de aquí eran noticias frescas, recién salidas de la imprenta.

La llegada del avión de TAM era toda una fiesta, un acontecimiento que se repetía todos los días. En ese entonces, llegar aeropuerto era fácil, pues la terminal aérea se encontraba en el mismo predio en donde hoy se encuentra un tanque de agua de la Gobernación y donde futuramente será construido el palacete Municipal, sobre la calle Cerro León casi Alejo Garcaía. La cabecera norte de la pista era donde hoy está el palacio de Justicia. En la esquina de Cerro león y Naciones Unidas, de tierra en ese entonces, la empresa Milmate había colocado un arco con dos inscripciones, hacia el el sur, sentido aeropuerto - centro de la ciudad “Bienvenidos a Pedro Juan Caballero” y hacia el norte, sentido centro de la ciudad – aeropuerto “Buen Viaje, vuelva pronto”.

Ese era el panorama que se vivía cada vez que llegaba TAM a Pedro Juan Caballero, se generaba un gran movimiento de vehículos, y casi siempre faltaban lugares, porque la demanda era muy grande y el precio del pasaje bastante accesible.

Con el paso del tiempo, ya en la década de los años 80, TAM se modernizó y adquirió unos aviones Caza 212 de procedencia española. Eran turbo hélices y volaban a más velocidad que los DC 3. Llegar de Asunción a Pedro Juan Caballero y  viceversa, significaba un ahorro de tiempo de entre 10 a 15 minutos, y por supuesto, la comodidad era mucho mejor.

La incorporación de los Caza 212 a su flota, le creó, al menos en Pedro Juan Caballero, una suerte de conflicto con los pasajeros, ya que todos solo querían viajar en el Caza 212 y no en el DC 3 que a veces también venía. El problema, lo solucionaba don Blás González Rabetti y su esposa doña Cira, agentes para ese entonces de la agencia regional en reemplazo de don Aníbal Zotti. La cuestión era, viajan o no viajar, no había alternativas, solo aguardar que al día siguiente venga el Caza 212. Y así, entre plagueos y a regañadientes, abordaban el DC3 y en 1 hora y media ya estaban en Asunción.

Transporte Aéreo Militar es parte de la rica historia de Pedro Juan Caballero, en sus aeronaves vinieron grandes personalidades que fueron parte activa del progreso de la ciudad, por muchos años fue el medio de transporte más preciado y seguro con el que contaba la ciudadanía, el medio que sacó a la ciudad de su aislamiento, a la esperanza de muchos enfermos que necesitaban llegar con urgencia a la capital del país.

Es por todo esto que TAM, Transporte Aéreo Militar seguirá por siempre vivo en la mente y el recuerdo de quienes tuvieron la suerte y el privilegio de volar aguantando el estruendo constante  de sus dos motores radiales que despedían una hilera de aceite acumulado en alguna parte de sus capas protectoras. Y aquellos que no volaron en el, de seguro lo recordarán llegando y saliendo del viejo aeropuerto, dejando en cada despegue, una densa polvareda de color rojo.

La muerte de la aviación comercial

A principio de los años 90, se creó en Paraguay una línea aéreas que comenzó  a operar  bajo la denominación de ARPA, y lo hacía con aviones monomotor turbo hélice, Caravan, con capacidad para 14 pasajeros.

A diferencia de TAM, que de inmediato dejó de operar en esta parte del país, ARPA, como una línea aérea disfrazada de privada, ya que todos sus accionistas eran del Gobierno, incluso militares, comenzó a cobrar los pasajes en dólares. Cada pasaje de ida a Asunción costaba 100 dólares, cuando el pasaje en TAM llegó como máximo a costar, en guaraníes, el equivalente a 25 dólares.

Eso hizo que los pasajeros optaran por viajar en ómnibus, y así, paulatinamente, cuando los de ARPA se dieron cuenta, ya no tenían la cantidad suficiente de pasajeros para cubrir al menos los gastos mínimos operativos, y definitivamente, dejó de operar en esta parte del país, para volverlo a intentar a mediados del 2000, en donde nuevamente acabó fracasando en su intento.