Editorial: Desequilibrio, prepotencia y afán desmedido por el poder son las “virtudes” del candidato liberal de la lista 2

11/10/2015 / editorial / por:
Discutir con alguien que rara vez admite sus errores y desprecia cualquier argumento ajeno puede llegar a ser desesperante. Las personas soberbias se creen “todopoderosas”, y la situación se agrava si ocupan cargos especialmente de relevancia política, porque al amparo de esa personalidad desequilibrada cometen todo tipo de atropellos a las leyes y a las buenas costumbres con el único fin de beneficiarse personalmente.

En este tipo de personas podemos encuadrarle muy a bien al candidato liberal “Ybyjá” Acevedo, que en comparación con su hermano el senador lista sábana, no demuestra su instinto perverso, maquiavélico y manipula personas y situaciones en forma silenciosa y artera para consolidar su poder pasajero a través del miedo y de las persecuciones, con el único fin de enriquecerse cada vez más.

Siempre demostrando aires de suficiencia y la exaltación del “yo”, este personaje conocido como “Ybyjá” no disimula su menosprecio hacia los demás y utiliza a los apaniaguados de su entorno sin medir consecuencias, aparentando ser el benefactor que a todos ayuda, cuando en realidad no hizo otra cosa que cumplir con la obligación que se le delego al elegírsele para desempeñar el cargo que ocupó y al que si Dios y la Divina Providencia permiten, jamás volverá.

Como toda persona soberbia es susceptible y propenso a la ira, y ante cualquier mínima crítica explota con ataques y no duda en insultar, maltratar, humillar y hasta golpear a sus funcionarios o a quien sea frente a cualquiera, como ya sucedió en reiteradas situaciones que son de público conocimiento.

Quienes le conocen de cerca dicen que mantener una relación estable o amistosa con él es casi imposible, porque busca solo la sumisión, el acatamiento y pleitesía de la otra parte hacia su persona, dominado por el comportamiento propio del soberbio, que lo convierte en una persona fría, prepotente, traicionera y obsesionada consigo mismo, que llega a asegurar que nunca fracasa, y si lo hace es por culpa de otro.

Hablando en términos clínicos, este tipo de personas intenta mantener su ego y ambición de poder imponiendo el hundimiento emocional y el sometimiento de los otros, porque se siente permanentemente amenazado.

Con poder político y económico a disposición, alardea con aires de grandeza y autoritarismo. No tiene en cuenta las opiniones, críticas o sugerencias de su entorno, y quienes le rodean no tienen mucho contacto más allá de lo profesional, laboral o político con él, porque su altanería es un foco permanente de conflicto.

En su afán desmedido por conseguir metas, este oscuro personaje está en un estado de alerta permanente, maquinando ataques y traiciones contra quien sea para sacar provecho de los demás, sin permitir que nadie se atreva a objetar sus pretensiones, valiéndose exclusivamente de gente sumisa y dependiente a su alrededor, o presuntamente “comprando” asquerosamente a politiquillos corruptibles de poca monta, para ser el único  dueño y señor, sintiéndose así grandioso y que puede hacerlo todo.

Este es el perfil del candidato liberal de la lista 2.