Culturales : Guarania, 100 años de una revista latinoamericanista y polémica
13/07/2020 / Culturales / Visitas: 27447
En sus páginas desfilaron intelectuales de todo el continente y de Europa. La Nación

El 15 de enero de 1920 apareció Guarania, bajo la dirección de Natalicio González, convirtiéndose en una revista paraguaya de alcance internacional en la primera mitad del siglo XX. En ella dejaron su impronta el colombiano Germán Arciniegas, el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, los argentinos Alfredo Palacios y Gabriel Del Mazo y el francés Paul Valery, solo por citar algunos.

Tanto la revista como el género musical (patentado cinco años después por José Asunción Flores, pero cuyo nombre fue una sugerencia de Manuel Ortiz Guerrero) llevan el mismo nombre, Guarania, y es que tanto el fundador de una (González) como el letrista del otro (Ortiz Guerrero) son oriundos de Villarrica del Espíritu Santo y amigos de la infancia”, recordó el crítico Paranaländer en el portal El Trueno, rememorando la efeméride. También que “el Museo Andrés Barbero tiene la colección completa de Guarania de la primera época, es decir, la de 1920”, para quienes deseen indagar en las páginas de esos 8 números.

Se lee en el muy buen estudio “Juan Natalicio González y la revista cultural Guarania: Sociabilidades intelectuales y proyecto político” de la investigadora Andrea Tutte (1): “González sin duda concebía la actividad editorial como una forma de lucha política”.

Así, en su prólogo a “El Paraguay eterno”, advierte: “Quiere el autor que se mire su obra no como cosa de literatura, sino como un acto. Pues lo que se busca con ella es realizar no un fin puramente estético, sino político, o sea la reconquista del Paraguay por el alma aherrojada de ese mismo Paraguay”.

Y en un editorial de la segunda época de Guarania, en 1933, anuncia que el contenido de la revista “sufrirá selección rigurosa conforme a un plan orgánico, a un fin aglutinante y creador”, dado que “las posturas exóticas, el mimetismo literario, constituyen factores considerables en la elaboración de los males que afligen a la Nación, pues el fenómeno literario trasciende tarde o temprano al campo político”.

Enmarcar a Guarania en este proyecto político e intelectual ayuda a comprender las mutaciones que la revista sufrió en sus cuatro épocas de publicación. Marcela Cristina Quinteros ha realizado una periodización de la revista y caracteriza estas etapas denominándolas “Guarania revisionista” entre 1920 y 1932; “Guarania nacionalista” 1933 y 1937 (la más fructífera), “Guarania Latino-americana” 1942/4 y “Guarania propagandística” 1948. Tutte, que es uruguaya, candidata a maestría en historia cultural y directora de la editorial paraguaya Tiempo de Historia, también es docente de Historia del Periodismo en la Universidad Católica.

Aquí el diálogo con La Nación, a propósito de los 100 años de la publicación.

 

–¿Cuál fue para vos el aporte de Guarania a la cultura y a la política del Paraguay?

 

–Hay que recordar que la revista tuvo, bajo la dirección de Natalicio González, cuatro épocas con características distintas. Por ejemplo, en la tercera etapa, entre 1942 y 1944, la revista se editó desde Buenos Aires, circuló en todo el continente y fue importante para difundir en el exterior la obra de escritores y ensayistas paraguayos –empezando por la del propio Natalicio– y establecer vínculos con intelectuales americanistas. De la primera época, cuando la publicación funcionó más como una revista literaria tradicional, se destaca sobre todo el número 5, en homenaje a Ignacio A. Pane, fallecido a principios de 1920. En la tercera época la revista tuvo un tono político muy marcado, en sintonía con las aspiraciones de Natalicio (fue el 43er. presidente de Paraguay; gobernó desde el 15 de agosto de 1948 hasta el 30 de enero de 1949) en, y con, su idea de que la reivindicación de una “cultura autóctona” era también una forma de lucha política, de combate a un régimen liberal “exótico”, “foráneo” y “antiparaguayo”.

 

–Natalicio es, hasta hoy, condenado por “fascista”, ¿te parece correcta esa caracterización?

 

–Es muy recordado el número especial de diciembre de 1935 de Guarania, dedicado al fascismo, con editoriales relativos al tema, un extenso texto doctrinario de Benito Mussolini, un artículo del periódico fascista Il Popolo d’Italia y otro del escritor Gabriel D’Annunzio a favor de la invasión italiana de Etiopía para terminar con “la barbarie”. Eso, y las durísimas críticas al liberalismo –en una década en que, precisamente, las democracias liberales retrocedían ante el avance de regímenes fascistas– contribuyeron a esta caracterización como fascista, que González rechazaba. La cuestión es que la etiqueta de “fascista” ha impedido durante mucho tiempo un análisis un poco más profundo de sus ideas y su actuación política, que ciertamente tienen mucho de cuestionable. Decir que no era fascista no significa que fuese un paladín de la democracia (que no lo era); significa que tal vez sería más productivo complejizar un poco el análisis.

 

–¿Quedan algunos de sus planteos en el ideario del Partido Colorado?

 

–Hay algunos dirigentes colorados actuales que en ocasiones han citado obras de Natalicio o lo mencionan como su referente. Lo que cabe preguntarse es qué valor tienen actualmente los “idearios” más allá de lo meramente declarativo, o si lo que orienta las decisiones partidarias (estoy pensando en todos los partidos) es más bien una lógica coyuntural, tal vez incluso oportunista. Lo que posiblemente aún perviva, más allá de que no se mencione explícitamente en un ideario, es esa operación ideológico-discursiva a través de la cual González presentó al Partido Colorado como único y auténtico intérprete de la “nación paraguaya”, lo que automáticamente sitúa a cualquier oponente en el papel de “foráneo”, “antiparaguayo”, “legionario”, etc.  Esto fue más notorio durante el estronismo y ahora está bastante más diluido, pero periódicamente vuelve a aflorar.

 

–Te pedimos una reflexión por los 100 años de la revista.

 

–Como todas las revistas culturales, Guarania es un fenómeno cultural complejo, que si bien está (con razón) muy asociado a la figura de González, fue importante también para la difusión de otros autores paraguayos y para la consolidación de determinadas representaciones de la cultura y la nacionalidad paraguayas, una concepción de la “paraguayidad” con un fuerte arraigo hasta el día de hoy. La revista muestra un constante preguntarse por “lo paraguayo”, por las manifestaciones auténticas de la identidad y la cultura paraguayas, en especial el aporte guaraní, y un rechazo a los modelos culturales extranjeros. Eso es parte de lo que le da su carácter tan especial y la distingue de otras publicaciones de la época.

 

1- Publicado en el Anuario del Centro de Estudios Históricos “Profesor Carlos S. A. Segreti” de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, en el 2017.

 

JUAN NATALICIO GONZÁLEZ EN EL ESPACIO CULTURAL PARAGUAYO

 

Polifacético y controvertido, González –o más bien Natalicio, “que ese era como su nombre y apellido, pues nadie lo llamó de otro modo”, como señala Gabriel del Mazo– nació en Villarrica en 1897 y murió en el exilio en México en 1966.

 

En su faceta de político, militó en la Asociación Nacional Republicana (ANR, o Partido Colorado), una de las dos agrupaciones políticas tradicionales del Paraguay junto con el Partido Liberal. Carente en sus orígenes de una ideología definida, la ANR fue evolucionando en la década de 1930 hacia una posición nacionalista y antiliberal. González fue artífice de este proceso como coautor –junto con Bernardino Caballero, nieto de uno de los fundadores del partido– del Nuevo Ideario Colorado, un documento que buscaba dotar a la ANR de una base doctrinaria basada en los principios de “orden, justicia social y solidaridad”.

 

Su carrera política comenzó en 1928 con su elección como diputado; en 1946 fue ministro de Hacienda y más tarde ocupó la Presidencia de la República desde el 15 de agosto de 1948 hasta el 30 de enero de 1949, tras una campaña basada en eslóganes como “Reviente quien reviente, Natalicio presidente” y “A sablazos o a balazos, Natalicio al palacio”.

 

Como escritor, su obra es diversa: incluye poemas, cuentos y novelas, aunque en su mayor proporción se compone de ensayos sobre temas históricos, políticos y culturales. En sus escritos históricos estuvo fuertemente influido por su “maestro” Juan E. O’Leary y otros autores vinculados a la tradición historiográfica denominada revisionismo paraguayo, como Manuel Domínguez y Fulgencio R. Moreno. Dentro del género de ensayo político, su obra más representativa es “El Paraguay eterno”, de 1935, en la cual los críticos de González señalan la influencia del nacionalista integral francés Charles Maurras, uno de los precursores ideológicos del fascismo. La obra plantea la existencia en Paraguay de una lucha entre un Estado liberal exótico, “antiparaguayo”, y una “nación autóctona” tendiente a “un peculiar socialismo de Estado”.


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