Lo más visto: LA EDUCACION SUPERIOR Y LA NECESARIA INTEGRIDAD ACADEMICA
10/01/2022 / Lo más visto / Visitas: 11526
En las universidades también se ejerce el poder de manera destructiva; también se silencian voces y a veces se cierran conversaciones por un acto abusivo de autoridad Andrés Mejía y Natalia Sánchez. Uniandes. 2015

Son valores fundamentales de la integridad académica: honestidad, confianza, justicia, respeto, responsabilidad y valentía; están vigentes y son actuales

Mucho se habla actualmente de la importancia de la integridad académica por los sonados escándalos de plagio aparecidos y propalados en los medios de comunicación. Para intentar determinar los motivos por los que los estudiantes cometen fraude académico, se han realizado estudios como el de McCabe, Butterfield y Treviño (2017), en el que se hace hincapié en la prevención desde el ámbito de la educación. Es ahora, con la situación de virtualidad forzosa provocada por la pandemia de la COVID-19, cuando se ha puesto más de manifiesto su valor en todas las etapas educativas. Pero este plagio no es exclusividad de los estudiantes, también de los mismos docentes, en algunos casos, quienes, por la impunidad imperante, por la falta de un estricto control por parte de las autoridades superiores de las universidades, cometen estos hechos pues son quienes preparan  los trabajos a muchos estudiantes que, por la desesperación de conseguir un título universitario, no tienen más remedio ni salida que recurrir a sus mismos corruptos docentes para elaborar el proyecto o la tesis.  Estos seudodocentes, sin desparpajo alguno demostrando una inescrupulosidad patente plagian trabajos de otras universidades, de otros estudiantes, de otros docentes, de otros autores, obedeciendo esto, como ya se dijo, a la falta de supervisión y control de los directivos de las universidades que, dicho sea de paso, en muchos casos permiten a algunos docentes a estas nocivas y perjudiciales prácticas. Pero el quid de la cuestión es que estos docentes cobran mucha plata por hacer estas deshonestidades. Se deja expresa constancia que son algunos docentes quienes se apartan de lo moral, pecan de falta de integridad.

He preguntado a muchos estudiantes, postulantes a las licenciaturas de grado, inclusive a estudiantes de maestría por qué recurren a estos catedráticos que faltan a la ética, dicen que no admiten trabajos resultados de asesorías de profesionales de nivel, solamente lo que ellos hacen, prohibiéndoles siquiera comentar y presionados por amenazas de reprobar o no ser aprobado su proyecto o tesis Y lo peor es que son estos mismos profesores quienes se sientan en la mesa examinadora para evaluar, juzgar y calificar los proyectos y tesis que ellos mismos lo hacen. Y más desvergonzado aun es que estos estudiantes ya tienen de antemano las preguntas confeccionadas por estos seudocatedraticos, dos o tres preguntas bastan para obtener la aprobación de la “calificada mesa examinadora”

En este tren no formaremos personas ni profesionales. Los corrompen y salen profesionales mediocres. Es esta la realidad. Y estamos posicionados entre los últimos en el ranking en educación. Es este articulo una mínima contribución  para conseguir mejorar este nivel.

Tradicionalmente, la deshonestidad académica se centraba fundamentalmente en la copia durante la realización de un examen o en la elaboración de trabajos de proyectos y tesis. El desarrollo de dispositivos tecnológicos de comunicación cada vez más pequeños y la aparición de internet con sus posibilidades ilimitadas de acceso a información, abrieron nuevas vías para no cumplir con los valores de la integridad académica  y que es condición sine qua non para ser profesional  Al comienzo del desarrollo de un examen presencial, era habitual recordar la prohibición del uso de teléfonos móviles y equipos inalámbricos a través de los cuales se pudieran conseguir las respuestas correctas. Dentro del aula, se aseguraba que no se copiara por la distancia con la que se ubicaba a cada participante: todos se situaban perfectamente alineados para que no coincidieran los diferentes modelos de examen, con bancadas en blanco y bajo la atenta mirada de los profesores, en su caso con compañeros de refuerzo para vigilar. Se advertía que, ante la menor sospecha de que dos personas estuvieran hablando, se retiraría el examen, lo que podía suponer un suspenso o, en algunos casos, un cambio de lugar. El estudiante en ocasiones no levantaba la cabeza del papel y el docente no distraía la mirada, analizando cada gesto sospechoso. Había quien intentaba hacer trampas y, al terminar, muchas veces el profesor tenía la percepción de que no las había detectado. Ahora el escenario ha cambiado. Además, podía ser habitual que entre compañeros de una misma clase se compartieran los cuadernos de laboratorio en carreras científico-técnicas, por lo que los profesores desarrollaron distintas técnicas para minimizar las infracciones en este sentido.  Con el propósito de demostrar la honradez, en muchas instituciones de educación superior se dispone de un código de honor, o reglamento de disciplina, cuya infracción acarrea consecuencias académicas tan graves como la expulsión inmediata. En algunos casos, esto está tan interiorizado que, durante la realización de los exámenes, se podía salir del aula sin estar acompañado y reanudar posteriormente la prueba. También un profesor se podía ausentar de forma puntual de la clase en la que estaba examinando, con la tranquilidad de que nadie iba a intentar copiar, ya que, de producirse, en ocasiones serían los propios compañeros los que avisarían al profesor. Estos mecanismos de regulación interna suelen recoger asimismo que la detección de copia de un trabajo de otro compañero de años anteriores, o con indicios de plagio, supone un expediente disciplinario. El problema es que no todas las instituciones disponen de reglamentación, aparte de que las consecuencias de su vulneración pueden ser muy diversas y la percepción de la gravedad que le otorgan los estudiantes es variable.

Muy lejos queda la integridad que debe ser fundamental en el catedrático. Es más, algunos forman un “equipo de trabajo” con profesores fuera de la institución. Obligan a alumnos a recurrir a este profesor para la elaboración de los trabajos y a cambio reciben un porcentaje del importe total cobrado a ese estudiante. La ventaja pírrica para estos estudiantes es de que sus trabajos son satisfactoriamente aprobados por los “colegas de la mesa examinadora”

Si esto no es corrupción, entonces que es.

En próximos artículos iremos explayándonos sobre algunos oscuros seudocatedraticos que tienen más de 10 cátedras asignadas en una sola universidad. Es extraordinario. Sabremos como consiguen y como lo hacen. Y no se tratan precisamente de docentes excelentes ni mucho menos, pero tienen como “virtud” su tremenda capacidad de adulonería.

 Sugiero que las adaptaciones que se realicen y que son necesarias en las universidades, se deben recoger como adendas a los planes de estudios universitarios para su verificación y seguimiento desde las agencias de acreditación como ANEAES y CONES Este sería un buen momento para especificar en todos los casos las medidas que se lleven a cabo, con el fin de reafirmar el cumplimiento de los valores de la integridad académica.

Por Prof. Osvaldo Paniagua 


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