História : La profetisa paraguaya que reunió a 80.000 y aseguraba haber resucitado
01/04/2021 / História / Visitas: 24418
Una joven campesina se salva de morir de un extraño mal que volvía negra su piel y -al recuperarse- comienza a predicar, anuncia la guerra del Chaco mientras la multitud se agolpaba para escucharla. “La profetisa de Cerro Verde” (Sapucái), que así la llamaron, asegura haber nacido durante la Semana Santa y que luego murió y resucitó en Navidad. El extraño suceso, que llamó la atención de Emiliano R. Fernández y Roa Bastos, duró tres meses y fue relatado por la prensa de la época, hace más de 90 años. Fuente: https://paraguayologia.com

María Epifania Britos Espínola, protagonista de este increíble caso, había nacido un miércoles santo el 7 de abril de 1909, en Yvytymi, (distrito de Paraguarí) a poco más 100 kilómetros de Asunción. Era todavía muy pequeña, cuando su familia se mudó a Sapucái, a un modesto rancho campesino en las faldas del mentado Cerro Guayaibi.

Fue a la escuela en ese pueblo solamente  hasta el segundo grado. Sus padres fueron Melitón Britos y Lorenza Espínola.  La historia de María Epifania hubiera pasado al olvido si no fuera porque en vísperas de la Navidad de 1929 sufrió una rara enfermedad que –por sus manifestaciones- parecía que la llevaría a la tumba en cualquier momento.

María Epifania Britos Espínola, la profetisa de Cerro Verde. Emiliano R. Fernández la calificó como “Yvaga remimbou” (enviada del cielo)

Pero una curación –considerada milagrosa por todos en el pueblo- generó tantos cambios en la joven que de repente empezó a predicar sobre numerosos aspectos de la vida e incluso profetizaba sucesos que se abatirían sobre el país y toda la humanidad.

¿Cómo fue su enfermedad? Fueron 21 días agotadores y de gran desesperación para su familia. Todo comenzó con una extraña mancha de color negro que fue cubriendo su cuerpo de a poco. Al mismo tiempo, sus miembros iban inmovilizándose a medida que pasaba el tiempo.

Una “mancilla” o “llaga” le había brotado en la punta del dedo índice, en la mano derecha.  Parecía un tétano que sus familiares intentaron vanamente curar con tratamientos caseros. Pero María Epifania seguía postrada, agravándose cada vez más. En Sapucai, distante a unas cuatro leguas de Paraguarí, no había médico que pudiera verla.

Fue entonces que aparecieron en la casa un curandero de nombre Juan Machuca y un espiritista llamado Carlos Printz. Luego del trabajo conjunto de ambos, surgió la milagrosa recuperación de la muchacha. Ella volvió en sí, se sentó en la cama y ante la mirada asombrosa de todos exclamó:

-Mamá, ya no voy a morir. El Espíritu Santo me dijo que vuelva al mundo y predique a los hombres.

Así, permaneció en vela y sin poder alimentarse todo el resto de ese año. No se podía acostar. Cuando intentaba acomodarse en la cama, le salían nuevamente las terribles manchas negras en todo el cuerpo. Lo que ella contó luego de su historia para muchos era incomprensible.

Decía, por ejemplo, que había nacido un Miércoles Santo y que luego murió para luego rescucitar un miércoles de Navidad. Y empezó a predicar el 1 de enero de 1930.

Ninguno en el pueblo –ni sus familiares, ni vecinos- podían entender la transformación que tuvo la joven que habiendo ido solamente dos años a la escuela, repentinamente empezó a hablar con te´rminos de una persona ilustrada, sorprendiendo a todos con su capacidad de oratoria y todas las cosas asombrosas que decía.

De aquel extraño trance, María Epifania solamente se recordaba del encuentro con el Espíritu Santo. En esa conexión divina, asegura haber recibido el don de poder transmitir su mensaje profético y otras muchas sorprendentes enseñanzas al mundo.

La profetisa del Cerro Verde falleció en 1988 en Posadas (Argentina), casi a punto de cumplir los 90. Ella aseguraba haber nacido un miércoles santo y resucitado en una Navidad.

El increíble surgimiento de la joven predicadora que lograba juntar a tantas personas en las laderas del Cerro Verde, en Sapucái , era comparable con la multitudianaria peregrinación anual junto a la Virgen de Caacupé. Pronto se convirtió en un fenómeno que atrajo la atención del del periódico “EL DIARIO”, de Asunción.

El citado medio envió al renombrado escritor Arnaldo Valdovinos, para escribir la historia del asombroso suceso en Sapucai, un nombre de origen onomatopéyico que tuvo su origen en el grito de aviso que se daban los carreteros desde hacía tiempo. Como el camino real era muy estrecho, el “sapucai” (grito) era la advertencia que usaban los boyeros para darse paso un al otro.

El cronista relató el asombroso fenómeno que se vivió en aquellos días: “Desde que el sol comienza a despuntar, se ve arriba hacia la casa de la ‘profetisa’ una caravana interminable de hombres, mujeres y niños. Vienen de los más apartados puntos de la República en carretas, a caballo, a pie, sin pensar en la fatiga de los largos viajes, ni en el sol que no es muy “amable” en verano.

Las romerías llegaban de todas partes. Se agolpaban personas de Caapucú, Piribebuy, Misiones, Tavapy, Quiindy, Barrero Grande, Yaguarón, Yhú, Coronel Martínez, Ajos (actual Coronel Oviedo), San Joaquín, Santa Elena, , Azucarera, Itapé, Ybytymí, Caballero, Valenzuela y muchos otros puntos del país, todos atraídos por la historia de la joven predicadora.

Y allí estaban, todos esperando la palabra de la joven predicadora. A las 9 comienza la prédica por la mañana. Dura hasta las 11. Cuando habla la profetisa nadie se mueve. Se la escucha en medio de un profundo y religioso silencio. Algunos caen desmayados a consecuencia del calor y son atendidos por unos amigos.

Los demás siguen escuchando atentos, en actitud pía. Sencillamente vestida, teniendo delante suyo una silla a la que se toma por el travesaño del respaldo, la profetisa comienza su prédica.

Explica a su auditorio la misión que le ha sido confiada por el “Espíritu Santo”. Ella se ve en la imperiosa necesidad de cumplir esa misión que le fuera encomendada. Si trata de resistirse a dicho cumplimiento, siente un malestar general, un peso enorme sobre su corazón…por eso lo hace.

Además es un mandato divino y hay que cumplir pese a quien pese. Nadie está obligado a creer lo que ella dice, ni en ir a escucharla. Ella no invita a nadie. No hace más que avisar a los que tienen oídos para oír, y a los que tienen voluntad de cumplir lo que el “Espíritu Santo” dice por intermedio de ella. Dios ha dado libertad al hombre y al lado de la libertad, cinco sentidos. Permite igualmente que haya demonios. El hombre, pues, puede elegir libremente el camino. El que va al reino de Dios y el que va al reino del diablo.

CURIOSIDADESLas cosas que probablemente no sabías de Emiliano R. Fernández

Pero una profecía llamó poderosamente la atención del cronista. La misma advertía que se avecinaba una pavorosa guerra con Bolivia, que además arrastraría a varios países del continente y poco tiempo después Europa sufriría el ensañamiento de los hombres contra sus propios semejantes, lo que llevaría al Viejo Mundo a revolcarse en una especie de “tea incendiaria” y solo seria sofocada con el “Viento del Sud”.

Concluye la crónica informando que la joven profetisa durante tres meses todos los días, salvo los domingos, en las faldas del Cerro Verde, realizaría sus prédicas de contenido moral y religioso, instruyendo al público con relatos en forma de parábolas y dejando un claro mensaje a sus seguidores. Estas informaciones tuvieron una enorme repercusión en el país.

“El Diario” mantuvo informada a la población prácticamente día tras día, de todos los sucesos acaecidos en Sapucái con “La Profetisa de Cerro Verde”, “La Señorita  Santa” o “La CuñataÍ del Cerro Verde”, en las ediciones de los meses de enero, febrero y marzo de 1930. Se estima que en este lapso de tiempo la joven fue escuchada por al menos 80.000 personas. También se publicaron relatos de milagros atribuidos a María Epifania.

Mientras tanto, el otro protagonista de este sui géneris relato, el Poeta de las selvas y los valles guaraníes, Emiliano R. Fernández proseguía con su vorágine creadora desde Asunción, a inicios de 1930. De su mágica pluma fluyen armoniosos poemas como: Año pyahu oguahevo ( a felicitavo Ocara poty cue-mí me), La Cautiva (a Leónidas Jara Fernández oikóre iñapytîmby), Tembijokuai,Imombe᾿u pyra e Yvytu mombyry ( Estancia Yvu, Nicasia López pe ohomíva), Hérib Cuenca Riveros (Che ryvymi Guyraü chore pe ajokúaiva), Guyra ñemimby (poetisa María Italia Parini kuatiápe guarä), por citar algunos.

Pero Emiliano, además de escribir y publicar sus obras en Ocara poty cuemi, trabajaba como periodista en el semanario dirigido por Facundo Recalde quien le ordenó en aquellos días:”Tereho Mercado Guazupe eheka ñandéve noticia”, (andate al mercado grande a buscar noticias) a sabiendas que allí se generaban y se renovaban constantemente las informaciones.

El Guyra Campana camino al sitio indicado se encontró con unos amigos quienes lo invitaron a visitar Caballero pueblo y sin dudar un segundo, el bohemio impenitente, pocos minutos después ya estaba alojado en el tren que lo llevaría a tan sorpresivo destino.

Durante el viaje, sus anfitriones le estuvieron narrando los hechos acerca de una hermosa joven aparecida cerca de Sapucái y a quien los campesinos que iban a escucharla la creen en verdad una enviada del cielo, una mortal privilegiada en cuyo pecho vino a anidarse un espíritu divino para comunicarse con los hombres y más aún, que despertó de la muerte y comenzó a hablar en un correcto y elegante castellano, con una amplia gama de conocimientos, nada propio de una jovencita que apenas había culminado el segundo grado.

Entre las prédicas de la joven, la gente podía oír condenas a los juegos de azar, la portación de armas, la infidelidad, el consumo de alcohol o el amancebado, pero también realizaba profecías que, según ella, le fueron entregadas por el Espíritu Santo para ser transmitidas a la humanidad, generándose todo un movimiento popular y religioso alrededor de su persona.

 Quienes pudieron dar testimonios de estas prédicas cuentan que ella hablaba sin realizar pausas ni cansarse o sudar, e incluso sin moverse durante dos largas horas, algo muy extraño para el intenso calor de enero.

Emiliano R. Fernández, cronista avezado de su época, profundamente católico, Ñembo’eýva del Novenario de la Santa Madre de la Eucaristía, fiel a sus convicciones religiosas no se perdería la oportunidad de conocer y escuchar la prédica de la profetisa de Cerro Verde.

Las estaciones se fueron sucediendo, una tras otra. Trinidad, Luque, Areguá, Patiño Cué, Tacuaral, Pirayú, Cerro León, Paraguarí. Escobar y en la florida estación de Sapucái descendieron el poeta y sus amigos.

Al menos 80.000 personas peregrinaron hasta Sapucái para escuchar a la “profetisa de cerro Verde”, según la prensa de la época.

El pueblo formado por unas cuantas casitas se extiende a lo largo de la vía férrea. No obedece a ninguna imposición geométrica. Está encajado en un valle amurallado a dos costados por altas serranías.

A un kilómetro y medio de las vías del tren, hacía la derecha yendo de Asunción, se divisa el Cerro Guayaibi, con su verdor eterno. Más allá está el Cerro Verde. En las faldas del Cerro Guayaibi, semiperdido entre el boscaje, asoma su rústica silueta un ranchito humilde con techo de paja.

En ese ranchito apartado vive la familia Britos-Espínola con su adorable hija María Epifania, la joven profetisa, rodeada del cariño de sus familiares y del prestigio asombroso que supo conquistarse en poco tiempo, a más de 60 leguas a la redonda.

Los viajeros se detuvieron unos instantes para contemplar serenamente aquel ranchito y siguiendo a la multitud llegaron a la ladera del Cerro Verde. En ese lugar, una multitud silenciosa a semejanza del bíblico Sermón de la montaña aguardaba expectante el inicio de la prédica. De repente los rumores cesan y todos se ponen de pie para recibir a la profetisa.

Una cabecita pequeña corona la hermosa y elegante estructura de su cuerpo toda armonía. Dos trenzas rubias, como rayitos de sol en manojos, deja caer preciosamente a ambos lados de su pecho. Cejas arqueadas y finas .Bajo ellas alumbran tímidamente dos ojos azules. Cutis blanco, algo tostado por el sol. Una verdadera flor silvestre. Quizás sea la más hermosa mujer campesina entre todas las de los alrededores de Sapucái. Belleza serena y sencilla, sin artificios, sin falsificaciones, posee una pureza irresistible de admiración y una natural gracia parece arroparla.

Emiliano R. Fernández, el apóstol de la religiosidad popular la contempla absorto, embelesado y exclama entre el gentío, “Espíritu Santo yvagágui nembou ore apytépe”. La joven de ojos azules dio inicio a su predicación y sus palabras, en la melodiosa lengua nativa, eran claras, armoniosas y dulces como una réplica de su alma bondadosa.

La prédica moralizadora sobre los valores espirituales y humanos como así también sobre los Mandamientos de la Ley de Dios, duró cerca de dos horas impresionando vívidamente al poeta norteño.

VIRGENCITA AZULUna devoción que nació en la guerra

Acurrucado por la brisa de los cerros de Sapucái y cobijado por la exuberante vegetación que refresca el alma de todo visitante, el humilde siervo de Dios, Emiliano R. Fernández emite su autorizada opinión como testigo presencial de este acontecimiento. Lo hace como lo harían los antiguos bardos del Medioevo; con una composición literaria desarrollada en versos. He aquí su testimonio:

YVAGA REMIMBOU

(La “Profetisa” de Cerro Verde)

Espíritu Santo yvagágui nembou ore apytépe

Rehendukávo oréve ne ñe᾿ê marôgua᾿y͂

Ha avei reroviaukávo angaipavóra etaitépe

Oimévaha gueteri Ñandejára ha Tupâsy

El profeta o la profetisa es alguien que sostiene haber tenido una experiencia personal con Dios recibiendo de él la misión de comunicar sus revelaciones y, como consecuencia de ello, habla en su nombre a los seres humanos.

Ha᾿ekuerama oipotágui reju jey ko arapýpe

Remombiávo ore rapégui ñuatî ha mbói pochy

Ha ore angaipa rejohéivo hesatî rovýva ýpe

Nemboúva herüguâgui pe Tupâ apyre᾿y͂

Profetizar es presagiar a alguien un hecho futuro por inspiración divina. Es anunciar o predecir las cosas distantes o futuras en virtud del don de profecía y una profecía consiste en conocer por inspiración divina las cosas remotas o venideras.

Ha ore nde reroviahára pévare roju nde ypýpe

Hi᾿âitégui che reindy ne ñe᾿êmi rohendu

Promesero hendaitépe mbaraka ore jyva guýpe

Ore tapýi gui rosêva roinupâ tape puku

El profeta es un puente provisional, es como una manguera de agua, que ni origina el vital liquido ni la retiene sino la transporta y vierte. Es un instrumento divino para edificar; es un cartero portador de un mensaje sacro.

Epena᾿ýke Epifania, nde rerovia᾿ýva oiméro

Mundo raso ko inembáma,ndénte ani nde kuerái

Eikuaaukamínte oréve mba᾿e yvytúpa ko᾿êro

iko᾿ê vaerâ oipeju Tupâsy rembijokuái

El firme propósito de dar a conocer una profecía es el de corregir el mal camino de un pueblo o una nación. No tienen por qué ser siempre espectaculares revelaciones sobrenaturales, porque el fin último no es resaltar al mensajero sino el mensaje.

Péina heta iñaranduva ahendu nemopehêva

Itujúgui hi᾿agâ kuéra nderehe iñe᾿ê meguâ

Ñahendu joa he᾿irô itarováva ku upéva

Ha ombo “tuli” ambue kuépe ani haguâ nde rerovia

Emiliano asiduo lector de la Santa Biblia utiliza todo el esplendor de la lengua vernácula para decirnos que el Padre, Dios Eterno (Tupâ apyre᾿ỹ ) desde un rincón desconocido (herüguágui) nos envía su palabra eterna (ñe᾿ê marôgua᾿ỹ) para alejarnos del pecado (angaipa) a fin de merecer el paraíso ( yvytyrokái).

Rehecha piko Epifania ko yvy ári henyhêva

Jukeri, karaguata, kapi᾿âti ha “y” ky᾿a

Rehechámane avei tatakua rokême oikéva

Pe Tuparê ojahéiva nda hugúyiva tapicha.

El poeta andariego se despide de la notable y rara mujer que predica en el mítico pueblo de Sapucái, siguiendo, luego, con la invitación hecha por sus amigos hasta Caballero pueblo, distrito de Paraguarí. Como buen caminante llevaba una alforja repleta de floridos versos en su corazón y desde este bello rincón le susurra amor a Dominga Lugo, en las estrofas de Techaga᾿u rembiapo (Guavira poty)…

Caballero pueblo che pepo mopêva

ikatuve᾿ýva ndehegui aveve

Mitâ tyre᾿ýicha che mbopadeséva

ahechave᾿ýre ku Zavalakue

En este acogedor ambiente casi familiar, Emiliano prosigue con su vida bohemia y creadora. Serenatas aquí y farras allá lo encaminan hasta la compañía Pirajuvy, donde una bella joven, oriunda del lugar despierta por vez primera su imaginación. Un segundo encuentro casual en la estación de Caballero con Máxima Ozuna, desencadena su lírica inspiración desplegando sus dotes de seductor en Arribeño purahéi (Barcino koli)

Peteî ka᾿aru rohecha ypy ko Pirajuvýpe

¡Ndan! ko che py᾿a ñaimo᾿â campana añandu ipu

Ha uperô guivente ne ryakuâ ova che korasô pýpe

Ha naimo᾿âvéima kuña ambue chemoakâ raku.

Pero entre las embriagadoras mieses de la fama que a veces envilecen al ser humano, incólume Emiliano, se da tiempo para visitar la tumba de suapreciado amigo y gentil poeta Hermenegildo Rodas a fin de rendirle un sentido homenaje con su estremecedora poesía fúnebre… Bajo la sombra. Gotas de perlas vierten mis ojos

Ambyasyetégui ne pore᾿ý

Por eso traigo este manojo

Che rekohápe guare yvoty

Empero nada es eterno en la vida. Después de tres largos meses de bohemias trasnochadas y no habiendo ningún motivo especial que lo retuviera por más tiempo en aquellos lares, el poeta soñador se despide de sus amigos de farras y serenatas con un alusivo poema, dedicado a su “lucero ñemimby”, la señorita Cándida Bareiro, cuyo título es más que elocuente…..Ahatare pendehegui.

Heta ára che rory ha aiko yvytu apype

Mbaraka che jyva guýpe ahetü pende yvoty

Ndaikuaáiva vy᾿a᾿ỹ che arribeñove pa᾿üme

Aikónteva kunu᾿üme ndahecháiva tovasy

Saciada su sed de caminos, el Guyra Campana extendió sus alas y retornó a la capital de la república dejando una estela de leyendas imperecederas por las campiñas de Zorrila cué, Guavira, Pirajuvy, Potrero Naranja, Campichuelo y Estación Caballero.

En tanto, María Epifania, “la profetisa” de Cerro Verde, tras cumplir con su misión se trasladó hacia Encarnación con toda su familia, dejando en ese lugar toda una historia que varios diarios impresos de la época se atrevieron a publicar, desafiando las recomendaciones de la propia Iglesia Católica, incluso. Con el tiempo La “Señorita Santa” se trasladó a Posadas, Argentina,residiendo en la ciudad fronteriza por más de 50 largos abriles.

Rodeada del cariño de sus hermanos y sobrinos a los 89 años de edad entregó su alma al Señor, estando internada en el Hospital Madariaga, el 25 de marzo de 1998. Hoy descansan en paz sus restos mortales, en el cementerio de la Ciudad que un día la acogió tan notablemente: Posadas (Misiones-Argentina).

Cabe señalar que, el célebre escritor compatriota, Augusto Roa Bastos, en una de sus más importantes obras literarias; “Hijo de hombre”, menciona este extraño suceso de gran repercusión nacional, haciendo referencia a la publicación de un diario de la época. Es una mujer que predica en guaraní y desaparecer al atardecer, sin que nadie pueda encontrarla por ningún lado.

DESAFÍO¿Qué tanto sabés de la Semana Santa?

 Como epílogo de esta narración diré que en 1932, sólo un par de años después de aquel mítico encuentro entre el “Guyra Campana” y “la profetisa”, Emiliano R. Fernández, poeta de las mil leyendas, ya estaba en el frente de batalla defendiendo a la patria en aquella “pavorosa guerra con Bolivia”, cumpliéndose así, a cabalidad la profecía enunciada por María Epifania en las faldas del Cerro Verde en 1930.

Es justo señalar además que una de las profecías enunciadas por el poeta de las selvas y los valles guaraníes en diciembre de 1928, en su famosa obra Aháma che china, (Che la reina) también se cumpliría el 16 de enero de 1935 cuando un batallón al mando del teniente 1° José Vicente González, perteneciente al R. I. 14, se convirtió en el primer grupo de paraguayos en alcanzar las plácidas aguas del río Parapití, límite ancestral de nuestro suelo patrio, elevando a Emiliano R. Fernández al altar simbólico de los vates inmortales, resultando ser ambos, aves del mismo plumaje en las predicciones, increíblemente. No es así?

Aimerô en Parapití

Amoguahêne nde apysápe

Che ñe᾿êmi kuatiápe

ne᾿írâha asapymi

Nde kéna eñapytî

Ko verso ndéve ahejáva

Topurahéi ndéve ijára

Okara Poty kuemi.

“La historia sólo muere, cuando dejamos de contarla”.

 FIN.

Bibliografía:

-Villar Britos, Eulalio. La “profetisa” de Cerro Verde. Imprenta Salesiana.

Marzo 2012.

-Rudi Torga. Emiliano R. Fernández. Antología poética 1 y 2. El Lector. Año

1998

– Dos Santos, Juan Carlos, La profetisa de Cerro Verde. Notas. ABC Color.

23 de enero de 2019.

-Roa Bastos, Augusto. Hijo del Hombre. Editorial Sudamericana. 1960

-Álvarez, Mario Rubén. Las Voces de la Memoria. El Lector. 2016

-Valdovinos, Arnaldo. El Diario. Enero, Febrero, Marzo de 1930


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