Lo más visto: QUE TRISTE ESTA PANDEMIA
11/05/2021 / Lo más visto / Visitas: 9928
“Yo te decía que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Te lo decía después del triunfo, después que pasamos los tiempos duros de batallas y llantos; ahora mientras recuerdo cosas que pasaron allá afuera, cuando todo era soñar y soñar, despiertos y dormidos, sin cansarnos nunca de ponerle argamasa al sueño hasta que dejó de serlo…y pensamos en todo lo que nos tocó vivir y era como un gran rompecabezas de rabias y fuego y sangre y esperanza…”

Wuhan 2019. El principio de una terrible pandemia, que se ha extendido y se extiende por todo el mundo. Todos, absolutamente todos estamos desesperados, debimos interrumpir nuestras rutinas y encerrarnos en casa con miedo de este irresistible mal. Las consecuencias sanitarias, políticas, económicas, culturales y sociales están ahí, presentes, pareciendo indiferente al dolor, al sufrimiento de tanta gente.

Por Lic. Osvaldo Paniagua 

Hasta hoy, a más de un año de su violenta irrupción, no hemos sido capaces de mitigar siquiera su presencia, sus efectos. Nos ha demostrado de lo miserable que son algunos personajes, autoridades, que inhumanamente han sido y son culpables por su presencia y propagación. Nos ha demostrado cuan despreparados están los grandes científicos en el mundo que no han sabido aun reaccionar positivamente para disminuir esta erupción malsana. Nos lleva a creer en la teoría conspiraticia. Aquí no importan, por lo menos ahora, disputas geopolíticas y si el solidarizarse todo el mundo para enfrentar este mal, que acarrea millones de contagiados y muertos, ha ahondado la miseria y la pobreza de todas las razas.

Hoy no hablare de los infaltables políticos corruptos, causantes descarados de inhumanos robos en esta pandemia. No vale la pena. El pueblo ya sabía y ahora confirma la clase de miserables corruptos e inhumanas especies que tenemos como autoridades en el país. Si vale la pena hablar de la hecatombe causada por la pandemia, sus devastadores efectos en toda la gente y con más intensidad y frecuencia en los compatriotas pobres que ha visto a seres queridos muriendo, mendigando migajas retaceadas inmisericordemente por deleznables actuaciones de las autoridades. Esta pandemia nos exige a todos. Nos enseña a todos a luchar, a cuidarnos y a AMARNOS MAS Y MANIFESTARLOS CON ACCIONES CONCRETAS, como lo hacen centenares de gente buena con sus colaboraciones en las ollas populares, con las promoción de rifas, comercialización de comidas, etc., que han servido para disminuir tanta necesidad.

Lejos de superar los coletazos de esta crisis que ha evidenciado las profundas deficiencias de los sistemas sanitarios a nivel nacional, deteriorados como resultado de la mercantilización de la salud.

A los efectos de una organización social excluyente y groseramente desigual como es la sociedad paraguaya, se añaden los impactos de la pandemia sobre la población trabajadora, tanto en términos socioeconómicos como sanitarios. La declaración de cuarentena ha impactado negativamente en el sector informal de la economía en el que se emplea el 71% de la fuerza de trabajo de la Población Económicamente Activa (PEA), que asciende a aproximadamente 5.024.421 individuos. (EPH, 2019)

La vulnerabilidad de este gran sector de la población es resultado de históricas políticas de flexibilización laboral y del nulo interés por parte del Estado paraguayo de garantizar los derechos laborales de la población trabajadora; y esto se evidencia en el hecho de que el país ocupa el quinto lugar a nivel mundial en peor calidad de empleo según el Banco Mundial. La cobertura de seguridad social apenas alcanza al 17% de la PEA, lo que pone al descubierto la inseguridad e inestabilidad que envuelve a la clase trabajadora.

La pandemia y la imposición de cuarentena sólo develó y exacerbó las condiciones de explotación a las que se exponen los trabajadores, pues mucho antes de imponerse esta medida sanitaria, trabajadores ya denunciaban el no pago de sus salarios. A este tipo de denuncias se añaden aquellas realizadas en un contexto de crisis sanitaria, en donde cientos de trabajadores son obligados a trabajar aglomerados, en medio de amenazas y en precarias condiciones, exponiendo sus vidas. A la situación de precariedad e inseguridad laboral se añade la perversa especulación con los precios de alimentos de la canasta básica y bienes de primera necesidad.

Gabriel García Márquez publicó su reconocida novela El amor en los tiempos del cólera.  En ella se relata la insólita historia de un amor que, a pesar de la aciaga realidad, fluye de mil maneras siempre sorprendente.

Ahora en estos tiempos del Covid-19 nos preguntamos qué causa todo esto, cómo vamos a salir de esta situación, cómo vamos a vivir. Durante las semanas de confinamiento hemos escuchado, en entrevistas y ruedas de prensa, a los dirigentes políticos y sanitarios nacionales afirmar que tenemos el deber de “salir todos juntos, sin distinción de ningún tipo, sin dejar a nadie atrás” independientemente de la nacionalidad, el color de la piel, la religión o su estrato social… Lamentablemente, no han faltado voces a nivel nacional, que vienen a decir algo así como ‘los míos los primeros, los demás que se apañen’.

Procurando respuestas a toda esta tragedia humana que vivimos, se nos plantea la exigencia de prestar atención, enfáticamente, a los más pobres y vulnerables. En medio de esta pandemia que afecta a la humanidad es necesario promover condiciones de vida a favor de los ciudadanos y ser capaces de responder a las carencias de todas las personas en los desiguales entornos en los que viven en nuestro Paraguay. Si algo nos ha mostrado esta experiencia es la certeza de sentirnos en una única barca, de compartir toda la humanidad un único destino, de la hermosura y responsabilidad que significa la interdependencia. Igualmente, tampoco podemos ignorar que vivimos en una emergencia  profunda, en la que se ha puesto en riesgo el medio ambiente y las condiciones de vida en el planeta se encuentran en situación precaria no por un virus, sino por nuestros estilos de vida: producción, consumo, generación de energía,  contaminación. Es preciso dejar que brote ese amor sorprendente de García Márquez o, si deseamos expresarlo con palabras de la escritora nicaragüense Gioconda Belli, “la solidaridad como ternura de los pueblos” que es la manifestación más pura de la dimensión humana Decir ternura es decir compasión, empatía, esperanza, futuro, vida; es colmar de calor y de amor a quien se siente frágil y desvalido. Compartir generosamente las necesidades fundamentales de la vida,   es el sentido de la ternura y el espacio donde se funde con la solidaridad. Pero es necesaria una ternura que no se reduzca a las cosas, sino que alcance integralmente al ser humano, a la vida de los pueblos.

 


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