Editorial: El “periodista marioneta” y la apología del delito

14/06/2016 / editorial / por: Daniel Figueredo Estigarribia - Periodista
OPINIÓN.- Todo periodista, ya sea reportero, locutor de radio, o como lo llaman los socialistas, “comunicador social”, debe saber que lo que dice y escribe es moralmente indefendible.

La apología del delito regularmente ocurre cuando el periodista se quiere congraciar con su patrón de turno, en especial a aquel que está en pugna.  Es también la técnica del reportero para obtener aplausos de un sector político a desmedro de las opiniones desacertadas que se realizan a diario en su medio.

 

La libertad de expresión,  a veces, para el periodista “estrella”, que con vocabularios obscenos confunde libertad con libertinaje, involucrando la violencia, como por ejemplo decir, “matar a un político por corrupto” u otra forma de aplicar la violencia  con el solo hecho de congraciarse con el político, en este caso en particular, dueño del medio de comunicación para el cual trabaja, y por ende recibe la paga correspondiente. Estas  expresiones que incitan a la violencia, se tipifican en el Código Procesal Penal vigente,  como “Apología del Delito), (Artículo 238:  El que públicamente, en una reunión o mediante las publicaciones señaladas en el artículo 14, inciso 3º, hiciera en forma idónea para perturbar la paz pública la apología de: 1. un crimen tentado o consumado; o 2. un condenado por haberlo realizado, será castigado con pena privativa de libertad de hasta tres años o con multa).

 

Es lamentable ver como algunos políticos utilizan a algunos periodistas como marionetas, haciéndose valer del periodista de turno, que utiliza el micrófono y el teclado de una computadora, para buscar la confrontación directa con quienes no comulgan con el “patrón” (el político), y como no hay respuesta en su intención de enfentamientos, atacan a colegas con expresiones inadecuadas.

 

No suelo escuchar radio, excepto las programaciones deportivas, pero la semana pasada me tomé  la molestia  de sintonizar una radioemisora solo porque algunos me insistían en hacerlo. Lo que capté en ese momento, dentro de la programación de esa radioemisora, fue que uno de los objetivos tácticos del “periodista marioneta”, era el de lograr irritar a un sector político, involucrando para ello, a colegas periodistas hasta llevar sus infundados argumentos al límite de lo irracional.

 

Esta obsesión, porque no pasa de eso, una simple obsesión, genera desesperación y hace que ante la impotencia de lograr el objetivo y causar un efecto contrario, se recurran a frases que hacen apología del delito, echando por el suelo toda ética profesional, generando además enfrentamientos entre colegas en una ciudad donde nos conocemos todos, al menos los buenos, y en donde tarde o temprano podemos necesitar el uno del otro. Asimismo, ser parte en cualquier momento de cualquier medio de prensa de los tantos que operan en la ciudad.

 

Muchos podrán ser “sicarios del castellano”, pues como nadie es perfecto, existen los errores ortográficos, pero es bueno saber y recordar, que más mata con palabras, castellanas por cierto, aquel que incita, invita, inculca, reta,  etc., al semejante, a cometer el más horrendo de los crímenes como lo es sin lugar a dudas, el sacarle la vida a un ser humano, esos sí son sicarios, y aunque no son del “castellano”, utilizan como arma letal el lenguaje castellano, “matar a un político por corrupto”.